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jueves, 26 de octubre de 2017

LUNES O MARTES (Virginia Woolf)


Perezosa e indiferente, batiendo fácilmente el espacio de sus alas, conocedora de su camino, pasa la garza sobre la iglesia, bajo el cielo. Blanco e indiferente, ensimismado, el cielo cubre y descubre sin cesar, se va y se queda. ¿Un lago? ¡Quítale las orillas! ¿Una montaña? Sí, perfecto, con el oro del sol en las laderas. Cae desde lo alto. Helechos o plumas blancas, siempre, siempre...

Deseando la verdad, aguardándola, rezumando laboriosamente unas pocas palabras, deseando siempre (se inicia un grito a la izquierda, a la derecha; ruedas que golpean; vehículos se cierran en conflicto), deseando siempre (el reloj asegura con doce campanadas que es mediodía; la luz vierte escamas de oro; niños se arremolinan), deseando siempre la verdad. Roja es la cúpula; de los árboles cuelgan monedas; el humo sale lento de las chimeneas; ladrido, alarido, grito. —Compro metal—... ¿Y la verdad?

Como rayos orientados hacia un punto, pies de hombres, pies de mujeres, negros o con incrustaciones doradas (Esa niebla... ¿Azúcar? No, gracias... La commonwealth del futuro), la luz del fuego salta y deja roja la estancia, salvo las negras figuras y sus ojos brillantes, mientras descargan una camioneta fuera, la señorita Thingummy sorbe té, y las vidrieras protegen abrigos de pieles.

Cacareada, leve como una hoja, rizada en los bordes, pasada por las ruedas, plateada, en casa o fuera de casa, reunida, esparcida, derrochada en diferentes platillos de la balanza, barrida, sumergida, desgarrada, hundida, ensamblada... ¿Y la verdad?

Recordar ahora junto al fuego del hogar la blanca plaza de mármol. De las profundidades de marfil se alzan palabras que vierten su negrura, florecen y penetran. El libro caído; en la llama, en el humo, en las perecederas chispas; o ya viajando, la bandera en la plaza de mármol, minaretes debajo y mares de la India, mientras los espacios azules corren y las estrellas brillan... ¿La verdad?, o bien, ¿satisfacción con su cercanía?

Perezosa e indiferente la garza regresa; el cielo cubre con un velo sus estrellas; y luego las borra.



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