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viernes, 3 de noviembre de 2017

NO-CUENTO DE TERROR (Aitor Suárez)


Ojalá fuera ficción, fabulación, mentira.

La mortalidad general registrada durante el viaje trasatlántico de los esclavos entre África y América, que duraba entre seis semanas y año y medio, se ha calculado entre el 10% y el 20%, es decir, entre un millón y medio y dos millones de esclavos. El promedio de vida de un esclavo rural no pasaba de cinco años en Cuba, aunque otros autores dicen que eran diez, mientras que en México era de entre siete y quince años.

Los datos ofrecen una amplia gama de causas posibles del suicidio, como no haber aceptado nunca su condición esclava, que correspondió a quienes se arrojaban al mar antes de embarcar o durante el traslado, así como a los que se dejaban morir de hambre y de sed en los barcos.

“Se desesperan, se ahorcan, se cortan la garganta sin más ni más”. Diversos documentos refieren suicidios, tanto colectivos como individuales, en casi todos los sitios donde llegaron. “Al ser descubierto, un esclavo que fue perseguido después de visitar a una negra de otra hacienda simplemente se ahorcó de un árbol”. “Al entrarles la desesperación se dejan morir de hambre”.

Otro hacendado refiere que, de sus esclavos, “el más joven de todos se colgó del balancín del molino un día que no se hacía azúcar”.

Los documentos apuntan a esa conducta desde el momento del embarque, pues “corrían al mar para ahogarse antes de iniciar el viaje”, y otros, ya embarcados, cuando lograban salir a cubierta: “Los esclavos se suicidaban a veces, arrojándose al mar saltando por la borda de los buques. Por eso algunos negreros hacían tender alrededor del barco una especie de redes muy resistentes, aunque muchos más se dejaron morir en el trayecto de hambre y sed”.

Se ha visto también que “ciertas naciones de entre ellos tienen por cierto el principio de la resurrección o metempsicosis, de que resulta arriesgado comprarlos y algunos hacendados no compran de éstos”, pues “si están descontentos con sus amos o tienen algún disgusto, no vacilan en darse muerte, se ahorcan o se asfixian, volviendo la lengua hacia dentro como si quisieran tragársela”.

El suicidio individual respondió a distintas causas: desesperación provocada por recibir castigos corporales terribles, corte de orejas y manos, cepo, encarcelamiento, vender separadamente a los parientes…

En cuanto pudieron, los colonos tomaron medidas. Así, antes de embarcar, los esclavos eran bautizados; al desembarcar, se le pedía al más anciano del grupo que los convenciera en su lengua de la ventaja de aceptar el bautismo, porque, al convertirse al catolicismo, tendrían temor de suicidarse. También se les hacía entender que esa religión les serviría como consuelo para soportar su nueva situación. Después de declarar la religión católica como religión única y hegemónica en sus territorios, el llamado Código Negro complementó la idea del bautismo, haciéndola obligatoria en su artículo segundo: “Todos los esclavos que residen en nuestras islas serán bautizados e instruidos en la religión católica en un plazo máximo de ocho días, bajo pena de multa”.

“Si se usa del rigor excesivo, toman la huida y se escapan a las montañas. Se les llama por eso negros cimarrones, es decir, salvajes; o bien se ahorcan de desesperación”.

El ejemplo de Teodoro, un esclavo de las Antillas Menores, bien puede ser el modelo de aquellos que nunca aceptaron su condición: “Teodoro, a causa de sus frecuentes fugas, andaba siempre con grillos. Apenas se los quitaban, cuando alguien intercedía por él, tornaba a huir. Fue perseguido, encontrándolo los perros agazapado. Un día, al percibir desde un jobo los ladridos de los perros, se echó al cuello un lazo con un arique, y cuando aquéllos le clavaron los dientes en los pies, ya estaba ahorcado”...

Ojalá fuera ficción. Ojalá fuera un cuento inveraz, fantasioso. Ojalá la realidad no lo hubiera admitido. Ojalá el existir no acogiera esos hechos. Ojalá no cupieran, ojalá no pudieran caber en lo real.



3 comentarios:

  1. Conocía a Aitor Suárez por sus haikus. Me alegra leerle también en narrativa. Saludos a los gestores del blog.

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  2. Si el hombre no hubiera domesticado al caballo, media humanidad llevaría a cuestas a la otra media (Unamuno). Yo creo que, incluso con caballos, es así.

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  3. Estremecedor. La ficción tiene envidia de la realidad

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