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viernes, 24 de noviembre de 2017

EL HÍBRIDO (Franz Kafka)


Tengo un animal curioso mitad gatito, mitad cordero. Es una herencia de mi padre. En mi poder se ha desarrollado del todo; antes era más cordero que gato. Ahora es mitad y mitad. Del gato tiene la cabeza y las uñas, del cordero el tamaño y la forma; de ambos los ojos, que son huraños y chispeantes, la piel suave y ajustada al cuerpo, los movimientos a la par saltarines y furtivos. Echado al sol, en el hueco de la ventana se hace un ovillo y ronronea; en el campo corre como loco y nadie lo alcanza. Difiere de los gatos y quiere atacar a los corderos. En las noches de luna su paseo favorito es la canaleta del tejado. No sabe maullar y abomina a los ratones. Horas y horas pasa al acecho ante el gallinero, pero jamás ha cometido un asesinato.

Lo alimento a leche; es lo que le sienta mejor. A grandes tragos sorbe la leche entre sus dientes de animal de presa. Naturalmente, es un gran espectáculo para los niños. La hora de visita es los domingos por la mañana. Me siento con el animal en las rodillas y me rodean todos los niños de la vecindad.

Se plantean entonces las más extraordinarias preguntas, que no puede contestar ningún ser humano. Por qué hay un solo animal así, por qué soy yo el poseedor y no otro, si antes ha habido un animal semejante y qué sucederá después de su muerte, si no se siente solo, por qué no tiene hijos, como se llama, etcétera.

No me tomo el trabajo de contestar: me limito a exhibir mi propiedad, sin mayores explicaciones. A veces las criaturas traen gatos; una vez llegaron a traer dos corderos. Contra sus esperanzas, no se produjeron escenas de reconocimiento. Los animales se miraron con mansedumbre desde sus ojos animales, y se aceptaron mutuamente como un hecho divino.

En mis rodillas el animal ignora el temor y el impulso de perseguir. Acurrucado contra mí es como se siente mejor. Se apega a la familia que lo ha criado. Esa fidelidad no es extraordinaria: es el recto instinto de un animal, que aunque tiene en la tierra innumerables lazos políticos, no tiene un solo consanguíneo, y para quien es sagrado el apoyo que ha encontrado en nosotros.

A veces tengo que reírme cuando resuella a mi alrededor, se me enreda entre las piernas y no quiere apartarse de mí. Como si no le bastara ser gato y cordero quiere también ser perro. Una vez -eso le acontece a cualquiera- yo no veía modo de salir de dificultades económicas, ya estaba por acabar con todo. Con esa idea me hamacaba en el sillón de mi cuarto, con el animal en las rodillas; se me ocurrió bajar los ojos y vi lágrimas que goteaban en sus grandes bigotes. ¿Eran suyas o mías? ¿Tiene este gato de alma de cordero el orgullo de un hombre? No he heredado mucho de mi padre, pero vale la pena cuidar este legado.

Tiene la inquietud de los dos, la del gato y la del cordero, aunque son muy distintas. Por eso le queda chico el pellejo. A veces salta al sillón, apoya las patas delanteras contra mi hombro y me acerca el hocico al oído. Es como si me hablara, y de hecho vuelve la cabeza y me mira deferente para observar el efecto de su comunicación. Para complacerlo hago como si lo hubiera entendido y muevo la cabeza. Salta entonces al suelo y brinca alrededor.

Tal vez la cuchilla del carnicero fuera la redención para este animal, pero él es una herencia y debo negársela. Por eso deberá esperar hasta que se le acabe el aliento, aunque a veces me mira con razonables ojos humanos, que me instigan al acto razonable.



2 comentarios:

  1. Coincidieron en el mundo a la vez
    así que podrían haberse reunido
    y Machado diría
    -yo soy triste desde que murió mi mujer
    de tuberculosis con 18 años
    y Kafka explicaría
    -yo soy triste a causa de mi padre
    era tan despótico y despreciativo
    y Proust por su parte
    -yo creo que soy triste por culpa del asma
    y entonces Pessoa
    -pues yo no soy triste por nada en concreto
    nací triste, eso es todo
    Y luego se habrían despedido
    -adiós, Fernando
    -Marcel, buenas noches
    -hasta más ver, Franz
    -fue un placer, Antonio
    se habría marchado cada uno a su hotel
    y en la soledad, con una hoja en blanco
    se aplicarían a escribir
    sin reparar en sus ojos de pronto encendidos
    sin atisbar ese extraño rictus de alegría
    sin entrever su propia
    felicidad

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  2. REUNIDOS



    Coincidieron en el mundo a la vez

    así que podrían haberse reunido

    y Machado diría

    -yo soy triste desde que murió mi mujer

    de tuberculosis con 18 años

    y Kafka explicaría

    -yo soy triste a causa de mi padre

    era tan despótico y despreciativo

    y Proust por su parte

    -yo creo que soy triste por culpa del asma

    y entonces Pessoa

    -pues yo no soy triste por nada en concreto

    nací triste, eso es todo

    Y luego se habrían despedido

    -adiós, Fernando

    -Marcel, buenas noches

    -hasta más ver, Franz

    -fue un placer, Antonio

    se habría marchado cada uno a su hotel

    y en la soledad, con una hoja en blanco

    se aplicarían a escribir

    sin reparar en sus ojos de pronto encendidos

    sin atisbar ese extraño rictus de alegría

    sin entrever su propia

    felicidad



    (Saiz de Marco)

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