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martes, 17 de enero de 2017

PREOCUPACIONES DE UN PADRE DE FAMILIA (Franz Kafka)


Algunos opinan que la palabra Odradek es de origen eslovaco y tratan de explicar su etimología de acuerdo con esta suposición. Otros, en cambio, creen que es de origen alemán con apenas alguna influencia eslovaca. La imprecisión de ambas interpretaciones permite suponer que ambas son erróneas, sobre todo porque ninguna de las dos nos brinda significado alguno para la palabra en cuestión.

Naturalmente, nadie se ocuparía de esto si de hecho no existiera un ser que se llama Odradek. A primera vista se parece a un carrete de hilo, chato y en forma de estrella, con hilos arrollados; por supuesto, sólo con trozos de hilo viejos y rotos, de diversos tipos y colores, enredados y llenos de nudos. Pero no es solamente un carrete, porque del centro de la estrella sobresale un pequeño travesaño, y sobre éste, en ángulo recto, se inserta otro. Con ayuda de este último, de un lado, y de una de las puntas de la estrella, del otro, el conjunto puede sostenerse como sobre dos patas.

Cabría pensar que este ser tuvo en otro tiempo alguna forma identificable y ahora está roto. Pero no parece probable; por lo menos, no hay nada que lo indique; no se ve ningún muñón o superficie de rotura que corrobore esta hipótesis; es un conjunto bastante insensato, pero a su manera bien definido. En cualquier caso , no se puede llevar a cabo un estudio detallado, porque Odradek es extraordinariamente ágil y no se le puede apresar.

Se esconde alternativamente en la buhardilla, debajo de la escalera, en los pasillos, en el vestíbulo. A veces no se le ve durante meses; seguramente se ha ido a otra casa; pero siempre regresa, fielmente, a la nuestra. A veces, al salir y encontrarlo en la escalera, uno siente deseos de hablarle. Naturalmente, sin hacerle preguntas difíciles, más bien tratándolo -su tamaño diminuto en tal vez un motivo- como a un niño.

- ¿Cómo te llamas?

- Odradek -contesta.

-¿Dónde vives?

-Domicilio desconocido -dice, y se ríe, con la risa de alguien que no tiene pulmones. Recuerda el susurro de las hojas caídas.

Y así termina generalmente la conversación. Por otra parte no siempre contesta: con frecuencia de queda mucho tiempo callado, como la madera de que parece estar hecho.

Me pregunto qué será de él. ¿Puede morir? Todo lo que muere tiene que haber tenido alguna clase de actividad que lo haya gastado; pero no puede decirse tal cosa de Odradek. ¿Seguirá, pues, rodando por las escaleras y arrastrando pedazos de hilo ante los pies de mis hijos y de los hijos de mis hijos? Desde luego, no hace daño a nadie; pero la idea de que pueda sobrevivirme me resulta casi dolorosa.


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